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¿Presidente excusado?

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Ciudad del Carmen, 10 Oct (Redacción).- Desde que se inventaron los pretextos se acabaron los tarugos, o se multiplicaron; al menos eso es lo que se ve con nuestros representantes, o como la gente gusta llamarles, «gobernantes».

Lo peor no es que se hagan tarugos los honorables representantes, sino que a ellos se suman su infalibles seguidores, adoradores y fanáticos; y es que estos «fanseses» acostumbran a inventar y aplicar excusas muy propias de ellos, algo así como «pichurrientas». Por favor y por su dignidad dejen ya la ubre que se ha secado ¿me expliqué?.

Ya no se sabe que es más denigrante, el político que friega al ciudadano, o el ciudadano fregado que le perdona las tarugadas al político y lo defiende.

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Por ejemplo, el nuevo señorito presidente, Pablo «el mesías» Gutiérrez Lazarus, lleva ya 15 días y contando en ese su primer empleo, y ya la ha vaciado, regado y manchado en repetidas ocasiones. Pero sus «pablitoliebers» salen en su defensa, de manera tal que solo pueden compararse con los «peñabots», y alegan que el señorito tiene aún poco tiempo como presidente, que es poco tiempo para exigirle resultados, que las anteriores administraciones lo dejaron sin herramientas, y que bla, bla, bla, más pretextos.

Cuando una persona acude a laborar a una empresa en la administración privada, ya sea de barrendero, secretario, gerente, o cualquier puesto, es contratado para desempeñar la función que le corresponde y se le exige de resultados inmediatos, sin importar la porquería que haya dejado el empleado que ocupaba su puesto anteriormente, ya que para eso fue contratado, para dar soluciones y no quejas ni excusas.

La administración pública no difiere, la ciudadanía no necesita escuchar quejas, mucho menos pretextos, la sociedad merece respeto y necesita soluciones, resultados inmediatos de quienes fueron elegidos como representantes, o gobernantes, llámense regidores, presidentes, diputados, etcétera.

Ahora que si estos empleados públicos no pueden con el trabajo, simple y sencillamente deben renunciar. Nosotros los ciudadanos, sus jefes, no estamos para solapar, defender, soportar, ni pagar funcionarios incapaces, corruptos e inútiles.

¿O a caso vamos a esperar al final del trienio y excusarlo diciendo «es que le hizo falta tiempo»?

Hasta aquí, la puntita.

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