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El princeso que quería cambiar

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Ciudad del Carmen, 10 Feb.- Tradiciones van y vienen, o al menos así lo dicen los «pablitoliebers» al pretender defender los tropiezos del nada lúcido presidente municipal Pablo Gutiérrez Lazarus.

Y es que en la edición de este carnaval que termina, fue evidente la mutilación de tradiciones, sin bandos infantiles, sin reina infantil pues ahora hubo reina adolescente (por la edad), y sin el toro petate, fueron algunas de las tradiciones, algunas, de más de 100 años que se suprimieron.

Sin embargo, el princeso si impuso su costumbre, por aquello de cobrar sin trabajar, pues al señorito Pablo se le ocurrió una idea muy grande, «ideota» pa’ la banda, de colocar palcos y gradas para ver el bando del carnaval, obvio con costo para el público en general de $40 pesos, es algo pequeño, minúsculo, casi imperceptible el monto que se cobra por ver el carnaval sentadito, algo que cualquiera puede pagar, pero si recordamos juntos en administraciones pasadas no se había cobrado, ni siquiera «shebo» o «el rojo» lo hicieron

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Por su puesto el negocio, perdón quisimos decir la tradición, del ahora conocido princeso municipal, antes mesías o primer barrendero, es muy lucrativo, pues siendo 2960 asientos por $40 pesos, en tres días de bandos nos da la nada despreciable suma de $355,200 pesos ¿Pero que son cuarenta pesitos? decían.

Muchos dirán que ese dinero será ocupado en beneficio de la ciudadanía, o que será destinado para solucionar problemas sociales, ¿Pero qué creen? pues no, ese dinero no está siquiera contemplado en la Ley de Ingresos del Municipio de Carmen para el Ejercicio Fiscal 2016, es decir, que ese dinero no será declarado, no está presupuestado, no irá a cuentas del ayuntamiento, no beneficiará a la sociedad carmelita.

Vaya que hay costumbres que no se pierden, desde hace seis años administraciones pasadas han encontrado la manera de saquear al municipio y los bolsillo de quienes aquí vivimos, «chely», «satanás» y ahora también «el princeso».

Lo tristes es ver y saber que muchas personas le dieron el voto creyendo que Pablo Gutiérrez Lazarus sería el cambio, pero resultó peor que los dos alcaldes anteriores que tanto criticó, como dice el dicho «prometer hasta meter, y ya metido, nada de lo prometido».

Por cierto, ya ven que el princeso tiene cierta inclinación pintoresca, o sea le gusta pintar, pues la única tradición que no quiso dejar morir fue la de «martes de pintadera», ya ven que para eso se pinta solo.

Hasta aquí, La Puntita.

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