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EE.UU: el general Lee y la causa perdida

Washington, 15 Agos (Prensa Latina) La imagen del general confederado Robert E. Lee tuvo un destino del que muchas veces carecen los derrotados, pues pese a su rendición en la Guerra Civil estadounidense, sus monumentos siguen ocupando espacios públicos del país.

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El acontecimiento bélico que de 1861 a 1865 enfrentó al norte industrial con el sur agrario dejó como versión historiográfica más difundida que el principal motivo por el que los 11 estados confederados decidieron separarse de la Unión fue la cuestión de la esclavitud, que el Gobierno de Abraham Lincoln quería abolir.

Tras la guerra que tuvo a los primeros como vencedores, luego de que Lee depusiera las armas el 9 de abril de 1865, comenzó una etapa conocida como la Reconstrucción, que se prolongó hasta 1877 y durante la cual los norteños se enfocaron en reunificar la nación y levantar la economía.

Los derrotados, por su parte, pretendieron conservar su influencia política y económica, al tiempo que desarrollaron una interpretación de la contienda diferente a la los triunfadores: el conflicto, argumentaron, no se debió al tema de la esclavitud, sino a una serie de discrepancias sobre los derechos de los estados.

De ese modo, surgió lo que se conoce como la Causa Perdida de la Confederación, un conjunto de creencias expandidas entre los sureños blancos.

A través de ella se describe la lucha de los territorios secesionistas como un hecho heroico en el que los soldados se entregaron en el campo de batalla a pesar de enfrentar una derrota segura por su inferioridad en número y recursos.

La Enciclopedia de la Fundación Virginia para las Humanidades describe esa expresión como un ejemplo importante de memoria pública, en la que la nostalgia del pasado confederado va acompañada de un olvido colectivo de los horrores de la esclavitud.

Ese conjunto de creencias se solidificó con el paso del tiempo, y a inicios del siglo XX se erigieron en el sur muchos monumentos conmemorativos en honor a militares vencidos, con ceremonias inaugurales que reunieron a miles de partidarios.

Varios autores estiman que la propagación de la simbología confederada se debió, en buena medida, a la pasividad del norte ante ese tipo de hechos, en el espíritu de buscar la reunificación y la convivencia tranquila después del conflicto que dejó más de 700 mil muertos.

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Como parte de esa expansión se colocó en 1924 una estatua del general Lee en Charlottesville, Virginia, cuya elaboración correspondió primero al escultor neoyorquino Henry Merwin Shrady y luego fue concluida por el italiano Leo Lentelli.

El momento en que se ubicó esa representación del militar a caballo coincidió con el resurgir del Ku Klux Klan (KKK), el movimiento de extrema derecha fundado después de la guerra, precisamente por exoficiales confederados.

Aunque el KKK inicial fue formalmente disuelto por el presidente republicano Ulysses Grant en 1871, en 1915 apareció una nueva organización con el mismo nombre y similares ideas de promoción del racismo y la supremacía blanca, en una etapa de legitimación de las leyes de segregación racial.

LA POLÉMICA DE LOS SÍMBOLOS CONFEDERADOS

En junio de 2015 nueve afronorteamericanos fueron asesinados en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, por el joven Dylann Roof, quien tenía una página web donde hacía apología de la supremacía blanca y aparecía reiteradamente con la bandera del ejército confederado.

Tal masacre reavivó el debate en el país sobre la persistencia de símbolos asociados con ese pasado, y muchas ciudades comenzaron a remover algunos monumentos o emprendieron procesos de discusión para hacerlo.

Así sucedió en Charlottesville con la escultura del general Lee, cuya retirada fue aprobada por el consejo local en abril último, aunque una orden judicial posterior mantiene ese paso bloqueado de momento.

Este hombre, considerado el héroe de la causa perdida y quien también es calificado en la actualidad como un símbolo racista, aceptó un papel de liderazgo en las fuerzas confederadas pese a su poca experiencia frente a las tropas, y se convirtió en general del ejército.

Tras su muerte cinco años después de la contienda bélica, muchos de sus antiguos oficiales difundieron que fue una figura que peleó por defender su estado natal en lugar de la institución de la esclavitud.

‘No se equivoquen, Lee luchó por la Confederación y él sabía que esta existía para preservar la esclavitud, no hay duda de eso’, considera al respecto David W. Blight, profesor de historia estadounidense en la Universidad de Yale.

En declaraciones al canal History el académico recordó que en la década de 1890 las ideas de la causa perdida se habían convertido en una ideología racial y en un conjunto de argumentos para la supremacía blanca.

Para ello se apoyaron en el criterio de que la esclavitud había sido una institución suave que benefició tanto a los amos como a los esclavos, y que estos últimos, una vez liberados, no pudieron manejar su emancipación, lo que dio lugar a las leyes segregacionistas.

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Según medios norteamericanos, documentos pertenecientes a Lee muestran que fue cruel con sus esclavos y animó a golpear severamente a los capturados después de intentar escapar.

A raíz de la discusión provocada por la matanza de Charleston, la ciudad de Nueva Orleans removió en mayo una estatua erigida en honor al general de Virginia, en lo que constituyó el fin del último monumento confederado existente en la urbe, tras la eliminación de otros tres.

El Distrito Escolar Independiente de Houston también votó en 2016 para cambiar el nombre de la escuela preparatoria Robert E. Lee, que fue rebautizada en homenaje a la maestra Margaret Long Wisdom.

La decisión de Charlottesville de dar un paso similar llevó a nacionalistas blancos, neonazis y miembros del Ku Klux Klan a congregarse en la localidad el 12 de agosto, en una jornada que estuvo marcada por los enfrentamientos violentos con grupos antirracistas.

Un artículo de la revista The Atlantic advirtió que los supremacistas seguidores de Lee tienen muchas razones para admirarlo, ya que es la encarnación de todo lo que representan.

Sin embargo, los hechos en torno a su figura y a las expresiones de ultraderecha agudizaron el cuestionamiento sobre los símbolos de la causa perdida y el modo en que para gran parte de la población deben ser desaparecidos de los lugares públicos.

Mientras avanzan los debates al respecto y las autoridades locales toman cartas en el asunto, una multitud de manifestantes decidió actuar por su cuenta el 14 de agosto y derribó una estatua confederada en Durham, Carolina del Norte.